En salones llenos de hilos, telas y máquinas de coser se juntan los deseos de aprender algo nuevo, crear piezas a la medida y, a veces sin proponérselo, emprender con nuevos negocios que van creciendo puntada a puntada. En Puerto Rico, existen suficientes clases y talleres como para crear un ajuar completo, desde la cabeza hasta los pies.
Las historias son similares en diversas escuelas de costura, tejido y confección de zapatos y carteras: las estudiantes, en su mayoría mujeres, llegan con el interés de aprender algo diferente y distraerse. Pero estas escuelas y academias se han convertido también en semilleros de empresarias que, luego de aprender, salen a vender sus creaciones.
Enfoque Pymes visitó tres academias para conocer cómo crecen y evolucionan estas pequeñas empresas.
Tommie Hernández diseña empresarias
“Yo fui diseñadora muchos años. Mi misión en la vida no es brillar; sino hacer que mis estudiantes brillen. Y tengo muchas estudiantes que ya están lanzando sus marcas”.
