Agroempresarios apuestan a revolucionar la educación agrícola y a preservar cultivos olvidados como la guanábana y el corazón con Ricura Caribeña
Mayagüez – En el terreno donde se estableció Ricura Caribeña en el barrio Sabanetas, sector Soledad, en Mayagüez, se cosecha precisamente eso. Allí, además de cultivar parcha, guanábana, guayaba, piña y melón, se preservan los cultivos olvidados de Puerto Rico como la guanábana, el anón y el corazón, entre otros.
La agroempresa es un logro de Miguel Alejandro Rosario Torres y su esposa, Isaelys Angelique Vega Caraballo, agrónomo y bióloga, respectivamente, quienes se lanzaron a la aventura hace cuatro años con una inversión de solo $7 que tenían en su cuenta de banco para entonces.
El joven matrimonio decidió poner en marcha, en 30 cuerdas de terreno, un proyecto de siembra orgánica que, eventualmente, transformarían en un laboratorio vivo para estudiantes universitarios y la comunidad.
Fue la administración municipal de Mayagüez la que los ayudó a identificar el lugar que, en un principio, estaba repleto de maleza.
Según Rosario Torres, de 31 años, cuando el proyecto arrancó “en el lugar no había nada, estaba abandonado y, entonces, hablé con la comunidad y ningún vecino se ha opuesto”.
“Desde entonces, los vecinos se convirtieron en aliados, están pendientes a cualquier situación que pueda ocurrir, en cuestiones de seguridad y, aunque seguimos trabajando arduamente, nos movemos un poco más lento de lo normal porque fue algo que se empezó desde cero”, confesó el joven, natural de Ponce, en entrevista con Enfoque Pymes.
De igual manera, se apoyaron en incentivos y préstamos en ánimos de echar su proyecto hacia adelante.
Pasado los cuatro años, la pareja ya ha invertido sobre $101,000 provenientes de incentivos y préstamos otorgados por distintas fuentes, entre estas, municipales, estatales y organizaciones dedicadas en brindar herramientas a los emprendedores.
¿Qué se cosecha?
En la transformación del espacio natural, los agroempresarios se fueron especializando en el cultivo de hortalizas y farináceos, con sembradíos de tomate, habichuelas, cilantro, plátano, ají dulce, rábano, zanahoria, recao y espinaca, entre otros.
Además, cuentan con una siembra de flores, que se utilizan en arreglos florales, con las que suplen la demanda de tres floristerías de la zona oeste, especializándose en girasoles, zinnias gigantes y celosias.
Asimismo, están en planes de adquirir gallinas y pequeños rumiantes, tales como vacas, ovejos y cabritos, con los que pretenden implementar el silvopastoreo, “una práctica sostenible que ofrece numerosos beneficios para el medioambiente y la producción agrícola y ganadera”.
“Adicional a eso, tenemos un área estipulada para árboles frutales. Ahí estamos tratando de preservar los cultivos olvidados de Puerto Rico, como la guanábana, anón y corazón”, dijo Isaelys Angelique, al mencionar que pronto sembrarán árboles de mangó y tamarindo.
En tanto, los emprendedores no se conformaron con los frutos cosechados, sino que desarrollaron productos de valor agregado, como dulce de lechosa o mangó y esquimalitos en más de 30 sabores, entre estos, parcha, guanábana, guayaba, piña y melón; “dependiendo de los productos que tengamos disponibles en la finca”.
“La realidad es que nos gusta el valor agregado y la educación. Para eso, nos hace falta, si fuéramos a hablar del sueño real de la finca, sembrar más, tener una máquina para empacar y una infraestructura para nuestros productos de valor agregado y al menos dos vehículos confiables para distribuir”, acotó la mujer, oriunda de Maricao.
“Pero no tenemos ningún ajoro. Nos interesa poder lograr una expansión. Para nosotros es importante aprender a manejar estas 30 cuerdas que tenemos, pero tenemos tanto que ofrecer que sabemos que vamos a necesitar más. Es nuestra visión, conseguir esa añadidura de Ricura Caribeña para poder expandir lo que queremos hacer”, afirmó.
Centro de práctica para alumnos de Mayagüez
De otra parte, la finca se ha convertido en centro de práctica para alumnos del Colegio de Mayagüez e, incluso, “hemos participado de cinco investigaciones en cambio climático, finca orgánica, análisis de suelo y análisis de cultivo”, entre otra temática ambiental.
Según Vega Caraballo, “la ayuda de los estudiantes es una manera de impartir nuestro conocimiento y ahora, en el momento que estamos, podemos explicarles mejor desde otra perspectiva. No somos la finca convencional y nos importa mucho la educación. Nuestra meta es revolucionar la educación agrícola”.
Igualmente, el dúo de emprendedores cuenta con la colaboración de un empleado a medio tiempo y dos estudiantes que llegaron para hacer su trabajo de verano.
Uno de estos, Alejandro Valentín Barreto, tuvo experiencia trabajando en una finca de Texas, Estados Unidos, pero nunca sembró. No obstante, Miguel e Isaelys le dieron la oportunidad de laborar en su finca desde octubre de 2024, a través de los fondos WIOA (Ley de Oportunidades y de Innovación de la Fuerza Laboral).
“Me encanta estar aquí. Yo creo que aquí tenemos un proyecto con mucho potencial que podemos brindar a esta comunidad y al resto de Puerto Rico. He aprendido mucho, la experiencia ha sido tremenda y me ha ayudado mucho en la universidad. Quisiera tener mi propio proyecto en un futuro”, apuntó el joven de 21 años.
Mientras, Ileana Matos y Moisés Álvarez Cordero, estudiantes del Colegio de Mayagüez, tampoco contaban con trabajo en el campo hasta que llegaron a Ricura Caribeña.
Para Moisés de 23 años, “la experiencia ha sido divertida, he aprendido mucho. Ha sido difícil, pero me estoy acostumbrando y me está gustando”.
Cabe destacar que los productos están disponibles en mercados agrícolas de Rincón, Aguadilla y San Juan, además del evento SiembraFest que realizan cada tres meses y en donde reciben voluntarios de toda la isla que le ayudan en distintas labores.
Rosario Torres adelantó, además, que su historia continuará escribiéndose, pues, están en conversaciones con dos cadenas de supermercados que obtendrán sus productos. Aunque mantuvo en secreto los nombres de estas empresas, aseguró que una de estas ya compró cinco cuerdas de cultivos.
“Ha sido una bendición para nosotros. Es una proyección que se pensó, se organizó y se ha ido trabajando poco a poco”, dijo Vega Caraballo.
As originally reported by: El Nuevo Día
