Un vivero para proteger la costa: Loíza germina resiliencia vegetativa para combatir la erosión

El Estuario de la Bahía de San Juan inauguró un espacio de siembra para el desarrollo de mangles y otras especies que reforestarán zonas del litoral norteño de la isla

 

Loíza – Desde el Centro TAU, un nuevo proyecto de infraestructura verde germina. Al interior de un recién inaugurado vivero, decenas de tiestos unen mangles rojos en comunidad, así como los loiceños se abrazan unos a otros para sostenerse, crecer y proteger su ecosistema costero.

“Los mangles rojos los juntamos todos en comunidad para que ellos mismos se entrelacen, se ayuden y sobrevivan mejor”, destacó Andreína Alexatos, coordinadora de Infraestructura Verde para el Estuario de la Bahía de San Juan.

El nuevo vivero del Estuario, ubicado en el centro de la Fundación Ricky Martin, aportará a la reforestación de diferentes zonas costeras desde Loíza hasta Toa Baja, principalmente afectadas por la avanzada erosión, que ha dejado a muchos residentes de estos municipios sin un techo seguro.

El espacio forma parte del amplio Proyecto de Resiliencia Costera de la entidad, una iniciativa para monitorear, documentar y capacitar a los ciudadanos para restaurar los ecosistemas del litoral, que frecuentemente son impactados, tanto por la mano humana como por eventos atmosféricos.

“El vivero tiene un potencial increíble, precisamente por la necesidad y la vulnerabilidad de Loíza y muchos otros municipios costeros. Después del huracán María (2017), mucha de la realidad de la vulnerabilidad en Puerto Rico afloró. El Proyecto de Resiliencia Costera viene a establecer una plataforma de levantar información y de capacitar a los ciudadanos para que ellos hagan el trabajo de evaluar el ecosistema, sembrar y apoyar de manera recurrente”, explicó, por su parte, la directora ejecutiva del Estuario, Brenda Torres Barreto.

Para crecer el Proyecto de Resiliencia, la entidad necesitaba una infraestructura para aumentar la materia prima, es decir, las plántulas que recogen en los ecosistemas costeros, para propagarlas y devolverlas a su hábitat ya fortalecidas.

“Los árboles vienen de todas las áreas y los propagamos aquí para sembrarlos cuando estén fuertes, ayuden con la erosión. En este vivero, procesamos los mangles que recolectamos y cualquier vegetación costera que queramos para nuestros proyectos”, comentó Alexatos, al destacar que el 95% de la siembra de la organización es de mangle rojo.

El director científico del Estuario, Jorge Bauzá Ortega, subrayó que el vivero –describió como “un lugar mágico”– servirá de laboratorio comunitario, pues de la “restauración costera se conoce muy poco”.

“Tenemos que ayudar a la naturaleza y buscar estos lugares donde hay que restaurarla, mejorarla o crearla. En vez de utilizar un diseño de ingeniería de cemento y varilla, vamos a utilizar el manglar como una estructura que nos puede proteger la costa”, expresó el oceanógrafo.

Defensa de los mangles

Alexatos explicó que los mangles no solo ayudan a aguantar sedimento que viene cuando entra el mar, sino también cuando el río se quiere ir. “Es una doble fila de defensa, y estos manglares afectan toda la vida del estuario, el océano, los ríos”, destacó la arbolista.

En el vivero, se encuentran los cuatro tipos de mangle que se existen en Puerto Rico: Rhizophora mangle (rojo), Avicennia germinans (negro), Laguncularia racemosa (blanco) y Conocarpus erectus (botón).

“Van en ese orden. El mangle rojo está cerca del agua; el blanco y el negro, en las zonas más pantanosas; y el botón, en las áreas secas”, detalló sobre estas especies protectoras.